“LA ÚNICA DECISIÓN POSIBLE ES QUÉ HACER CON EL TIEMPO QUE TENEMOS”

Dentro del conjunto de aprendizajes que nos dejó el confinamiento al que nos sometimos por la rápida expansión del COVID-19, quizás el más valioso es que conocernos a nosotros mismos es un reto y una lucha constante. Limitados a cuatro paredes, la memoria, los sueños y las pesadillas, los anhelos y las frustraciones se materializan en voces que nos susurran al oído las veinticuatro horas del día. Si a esto sumamos los ecos de una ciudad tan caótica como distópica, es casi imposible no pensar en una que otra crisis de ansiedad.

El pasar tanto tiempo en el hogar, un entorno que construimos con elementos que nos proporcionan confort y serenidad, puede convertirse en una tortura y sumirnos en oscuros pensamientos. No obstante, como dice el dicho, “It’s always darker before the dawn”. Una vez que nuestros fantasmas terminan de hablarnos, somos capaces de redescubrir el espacio que habitamos y volver a sentirnos protegidos por él. En “El tiempo que nos queda”, Marco Ponce de León toma como referencia imágenes de su infancia para abstraerlas y crear objetos de diseño con un estilo minimalista en el que la línea y la textura tienen una presencia predominante.

Marcado por las aventuras de algunos personajes de los cartoons de los 90, el artista recurre a sus formas y expresiones, las descompone y reordena en ilustraciones con trazos limpios, firmes y dinámicos, reflejo de su personalidad segura y siempre inquieta. Por otro lado, la elección de Ponce de León de trabajar volúmenes con materiales simples le da la oportunidad de resaltar sus texturas naturales. Los finos tubos de metal capturan la atención del espectador por a suavidad de su superficie y brillo. Asimismo, las texturas crudas de la madera, la piedra y el cemento brindan a los muebles una materialidad robusta que podría transmitirnos una sensación similar a la que J.J. Winckelmann tuvo al enfrentarse a las obras de la antigüedad clásica y rescatar su “belleza serena y grandeza tranquila”.  

Ponce de León nos presenta una propuesta que parte de una experiencia negativa y que pudo canalizar en un arduo proceso creativo, una propuesta que subvierte los momentos de crisis y los transforma en elementos que nos abrazan y transmiten seguridad. Aquí, el artista nos demuestra lo importante de crear los entornos que habitamos de forma consciente, entornos en los que pasaremos el tiempo que nos queda.
 

Jerson Ramirez
Agosto, 2022



EL PROCESO






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